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Cindy Sherman. Aunque no son estrictamente autorretratos, self portraits o selfies, ya que son escenificaciones de muchas mujeres, su obra centrada en su casi totalidad en ella misma se ha cotizado a la altura de las fotografías más caras de la historia.

Su nombre se entremezcla con los de Edward Steichen, Alfred Stieglitz, Andreas Gursky, Edward Weston, Richard Prince, Jeff Wall o el más actual de Peter Lik, artistas por lo que se han pagado millones de dólares por sus obras.

Cindy Sherman (nacida el 19 de enero de 1954 en Nueva Jersey) nació con el nombre de Cynthia Morris Sherman, es una artista, fotógrafa y directora de cine estadounidense. Sherman es una de las representantes más importantes de la fotografía de posguerra en Nueva York, exhibió más de tres décadas de su trabajo en el MoMA. Artista, fotógrafa, directora de cine, por sus autorretratos, Cindy Sherman ha sido una de las fotógrafas más respetados del siglo XX. A pesar de que la mayoría de sus fotografías son imágenes de ella misma, sin embargo, estas fotografías no son conceptualmente autorretratos. Sherman se utiliza a sí misma como un vehículo para una variedad de temas del mundo moderno: el papel de la mujer, el papel del artista y muchos más. A través de una serie de diferentes obras, Sherman ha planteado difíciles e importantes preguntas sobre el papel y la representación de las mujeres en la sociedad, los medios de comunicación y la naturaleza de la creación del arte. La vida de Sherman comenzó en Glen Ridge, un suburbio de la ciudad de Nueva York. Su familia se mudó poco después de nacer, Sherman creció como la más joven de cinco hermanos en la ciudad de Huntington, Long Island.



A pesar de que sus padres carecían de interés artístico, apoyaron su decisión de entrar en la escuela de arte después de terminar la escuela secundaria. Cindy Sherman se empezó a interesar por las Artes Visuales en la Universidad de Buffalo. La carrera de Sherman en Buffalo comenzó muy diferente de como acabó. En su primer año, Sherman empezó a trabajar la pintura hasta que un día, se dio cuenta de que no era suficiente. Frustrada por las limitaciones de la pintura y la sensación de que había hecho todo lo que pudo, se dio por vencida. Sherman reconoce que nunca podría haber tenido éxito como pintora. Al carecer de la conexión crítica que necesitan para continuar con la pintura, Sherman se volcó a la fotografía, que fue lo que estudió durante el resto de su tiempo en Buffalo. Durante este tiempo, conoció a Robert Longo un artista que será muy importante en su vida. Junto con Longo y su compañero de estudios Charles Clough, Sherman formó Hallwalls, un espacio de artistas independientes donde ella y otros artistas exponían. Después de su graduación, en 1976, decidió mudarse a Nueva York para embarcarse de lleno en su carrera artística, en un loft en Fulton Street en el bajo Manhattan. Fue entonces cuando comenzó a tomar fotografías de sí misma. Estas fotografías, autorretratos conceptuales, vendrían a ser conocidas como Complete Untitled Film Stills (1977-1980), en los que escenifica situaciones con vestuario y utilería para dar a las fotografías la apariencia de un fotograma cinematográfico, usando estética y planos propios del Cine negro. En otra conocida serie “Retratos históricos”, Sherman personifica protagonistas masculinos de pinturas clásicas de la historia del arte de Occidente, tales como “Baco enfermo” de Caravaggio, entre otros. Si bien Sherman aparece en las fotografías, ella no las considera propiamente autorretratos: los Untitled Film Stills, tal vez uno de sus trabajos más conocidos de la carrera de Sherman hasta el momento. En estas fotografías, que empezaron en 1977, Sherman se pone a sí misma en el papel de actriz de películas clase B. Sherman ha sido siempre una artista del ocultamiento, disfrazándose desde mediados de los setenta para emular fantasías pop. El desnudo no formaba parte de su trabajo a pesar de que en los años ochenta, tras los éxitos de sus fotogramas, adoptó en su fotografías pechos sintéticos y vulvas artificiales que añadían un divertimento vicioso a la fantasía masculina.


Durante los años setenta, Cindy Sherman jugó un papel preponderante en la reestructuración feminista del cuerpo, movimiento originado y mantenido por las mujeres. Esta generación creía que “lo personal es político” y los artistas de performance, en su mayoría mujeres, se apropiaron de este axioma y lo transformaron, a la vista de sus logros, en algo asombrosamente real basado en la disforia existente entre los sexos. La propia Sherman, especialmente en sus comienzos, creó infinidad de personajes con los que quedar apabullado por la cantidad de rostros y cuerpos que era capaz de construir usando su propio cuerpo. Su importancia como artista reside en este apabullamiento. En su deliberado intento de revelar la naturaleza interpretativa de la psique femenina, Sherman adquiere múltiples y variados rostros. Los seres que emergen de sus brillantes transformaciones pertenecen al glamour de la industria cinematográfica de los años 30 y 40, cuando la belleza femenina era la clave para vender entradas. Para el año 2000, Sherman deja claro que el travestismo y la ironía profunda serían sus grandes temas, fundamentados en su relación con la figura y la psique de la mujer. Las imágenes de payasos que utiliza desde el comienzo del nuevo siglo y hasta la mitad de la primera década del siglo XXI resultan agresivas y espeluznantes hasta el punto de parecer peligrosas. En su prodigiosa producción de cerca de 500 imágenes la artista captura la historia de la femineidad sin sucumbir a ideologías. O eso parece. La Sherman real se encuentra en algún lugar entre la charlatanería de sus disfraces y la vulnerabilidad de sus míticos personajes, alguien que pertenece claramente a los anales de la historia del arte contemporáneo. Artículo publicado en la página Los Grandes Fotógrafos publicado en febrero de 2017

Su nombre se entremezcla con los de Edward Steichen, Alfred Stieglitz, Andreas Gursky, Edward Weston, Richard Prince, Jeff Wall o el más actual de Peter Lik, artistas por lo que se han pagado millones de dólares por sus obras.
Cindy Sherman. El selfie más cotizado.

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